Información General

Este Blog va dedicado a todos los amantes de la Arqueología y Castellología alicantinas, y en especial a todos los alicantinos, para que aprecien y disfruten de nuestro Patrimonio Histórico y Cultural, que es mucho.

En él no sólo podrán ver los castillos, fortalezas y torres propiamente dichos, sino que nuestro catálogo de Castillos de Alicante incluye todas las fortificaciones de carácter militar y/o defensivo, a través de la Historia de Alicante, desde la Prehistoria hasta nuestros días.

Si es de vuestro agrado, nos sentimos contentos y nuestro trabajo no habrá sido en vano.

Gracias por vuestra visita...

Ximo García Rico

Elda, Septiembre de 2.013

viernes, 13 de marzo de 2015

Poblado Amurallado del Puente de la Jaud (Elda) CA-391


Localización:

 El Poblado Amurallado del Puente de la Jaud se halla situado en la localidad de Elda, en la comarca alicantina del Vinalopó Mitjá.

Localización en Google Maps

Está localizado en un cerro que fue seccionado en su extremo, de modo transversal, por la vía férrea Madrid-Alicante a mediados del siglo XIX, para dar paso al Puente del Sambo, aislando un pequeño cerrito en el extremo SO, en el cual se hallan materiales tardorromanos. Su extremo SE se corresponde al poblado de la Edad del Bronce.

 Para llegar hasta el yacimiento nos dirigiremos directamente al Puente del Sambo, desde el acceso de la Estación del FF.CC. de Monóvar-Pinoso, en dirección al río Vinalopó. Pasado el puente, y a unos 300 m. a nuestra izquierda, sube un camino que llega hasta el paso a nivel del FF.CC. Aquí dejaremos el vehículo, pues el poblado se encuentra frente al mismo.

Localización en el mapa topográfico

Historia:

 Aparte de los asentamientos prehistóricos datados en el Neolítico, este yacimiento del Puente de la Jaud corresponde a uno de los más antiguos de Elda, ya que está datado como un poblado amurallado adscrito a la Edad del Bronce (II milenio a.C.).

  Hay vestigios de un asentamiento prehistórico de la misma edad, así como de la época íbera y de la posterior romanización en el Yacimiento Ibero-Romano de El Monastil, a sólo unos 7 km. de este poblado. (Ver entrada CA-200 en este mismo Blog).

 Con la llegada del Islam a estas tierras, el núcleo poblacional de El Monastil entra en decadencia y es abandonado progresivamente. Sólo pervivirá, entre los siglos VIII-X una pequeña comunidad musulmana de monjes-soldados en torno a una pequeña mezquita.

 Antes de crearse el núcleo de la actual Elda, en los alrededores se formó una alquería islámica que posteriormente fue abandonada. Posteriormente surgirá el enclave islámico de Illa en torno al actual castillo que fundaron los musulmanes almohades a finales del siglo XII. De la Elda islámica se han descubierto una necrópolis árabe (en las inmediaciones del Excmo. Ayuntamiento), algunas viviendas y un taller de alfarería. También se sabe que bajo los cimientos de la Iglesia Arciprestal de Santa Ana, había una mezquita árabe.

 La edificación de la fortificación islámica cabe situarla entre el año 1.172, fecha de la derrota del ejército almohade en Huete con su retirada hacia Murcia, y el año 1.244, cuando tras el Tratado de Almizra el rey Fernando III de Castilla dona el castillo y villa de Elda a uno de los caballeros participantes en la campaña militar de Murcia. Este dato está avalado por todos los restos de época almohade aparecidos en las excavaciones del castillo. (Ver entrada CA-043 en este mismo Blog)

 Pero breve fue el espacio de tiempo que permaneció el castillo bajo dominio musulmán, pues a consecuencia del Pacto de Alcaraz (1.243) la totalidad del reino musulmán de Murcia pasó a convertirse en protectorado castellano.

 Elda fue conquistada en 1.243 por el rey Jaime I, permaneciendo bajo soberanía castellana hasta 1.296 en que fue tomada por Jaime II de Aragón. La villa y castillo de Elda fueron prontamente cedidos a uno de los caballeros que participó en la campaña murciana del infante Alfonso, y así, el 15 de Abril de 1.244, Fernando III donará la villa y castillo a Guillén “el alemán”, que lo poseerá hasta su muerte en 1.245. Será entonces cuando el rey lo entrega a la Orden militar de Santiago, que lo mantendrá entre 1.245 y 1.257, como uno de sus puntos avanzados en el amplio conjunto de posesiones santiaguistas.

 Sin embargo, en este último año, el ya rey Alfonso X el Sabio lo rescatará de las manos de la Orden y se lo entregará a su hermano, el infante don Manuel, que lo incluyó en su extenso rosario de posesiones en el Vinalopó, como parte integrante del señorío de Villena.

 En este tiempo sufriría el protagonismo que le confirió el Valle de Elda, como zona fronteriza entre los dos reinos, viéndose involucrada en los contínuos enfrentamientos entre ambos reinos cristianos a finales de la Edad Media.

 El siglo XIV vendrá marcado por la pertenencia de Elda y su castillo al reino de Valencia y por la intensa actividad bélica desarrollada en estas tierras. La conquista de Murcia (1.305) originó un cambio en la posesión de Elda, que pasó de manos castellanas a ser posesión, durante la primera mitad del siglo XIV, de miembros de la casa real de Aragón, como la reina Doña Blanca (1.305-1.312), esposa de Jaime II; y el infante don Fernando (1.329-1.363), hijo de Alfonso IV.

 Con posterioridad, durante la Guerra de los dos Pedros (1.356-1.366) el castillo participó activamente en la contienda, al ser utilizado como base de operaciones por el infante Fernando. Tras la muerte de este último, se produciría la conquista castellana de todas las fortalezas del Vinalopó.

 Con la retirada de las tropas castellanas, en la primavera de 1.366, el rey Pedro IV de Aragón dentro de su política der pago y agradecimientos, concede los señoríos de Elda y Novelda a Bertrand Duguesclín. Sin embargo, este caballero francés devolverá sus posesiones a la Corona, que volverá a conceder el castillo y lugar de Elda, junto con la fortaleza de La Mola, a otro caballero mercenario, en este caso el noble inglés Hugh de Calviley. Éste, a su vez, venderá en 1.378 el señorío de Elda y Aspe al rey Pedro IV, integrándose de nuevo Elda como parte del Patrimonio Real de Aragón.

  Frente a esta inestabilidad política, bélica y económica de los años precedentes, el último cuarto del siglo XIV y primero del XV vendrá caracterizado por una marcada estabilidad, favorecida por la pertenencia sucesiva de Elda al patrimonio de las reinas aragonesas doña Sibila de Forcia (1.378-1.387), cuarta esposa de Pedro IV, y doña Violante de Bar (1.387-1.424), esposa de Juan I. Ambas se preocuparán por la recuperación integral de la zona, potenciando las obras de refuerzo y reforma del castillo, incrementando su guarnición e iniciando su conversión en residencia aristocrática.

 El señorío de la reina Doña Violante acabó con la enajenación de las villas y castillos de Elda y Aspe a D. Ximén Pèrez de Corella, a quien el rey Alfonso V nombrará en 1.448 Conde de Cocentaina. Esta adquisición llevó pareja posteriormente las de las villas de Salinas y Petrer (1.431), con lo que el Corella lograría la estabilidad definitiva de estas villas tan castigadas durante el belicoso siglo XIV.

 Durante el siglo XV es de suponer que el castillo de Elda, sin perder el rasgo de plaza fuerte, fuera convertido en residencia temporal primero de Doña Violante y posteriormente del primer conde de Cocentaina durante sus estancias en sus posesiones valencianas más meridionales. A este respecto recordamos que durante los 24 años comprendidos entre 1.424, fecha de la compra de la baronía de Elda, y 1.448, fecha de la adquisición del señorío contestano y su nombramiento como conde de Cocentaina, Ximén Pérez de Corella debió residir frecuentemente en el castillo de Elda, por ser esta villa, junto a Aspe, sus principales señoríos jurisdiccionales, y así, en la primavera de 1.427 acogió al monarca aragonés Alfonso V en el castillo de Elda, durante unas jornadas de caza en los antiguos pinares de Elda.

 Además, al ser la fortaleza de mayor tamaño de sus dominios meridionales, rivalizó con los de Novelda y Monóvar, posesiones de la familia Maza de Lizana, rivales nobiliarios de los Corella, por otra parte, por lo que ello testimonia la importancia que debió tener el castillo y villa de Elda en la política geoestratégica de la familia Corella durante el siglo XV.

 Sin embargo, a finales del siglo, Joan Roiç de Corella i Moncada, III conde de Cocentaina, venderá paulatinamente sus posesiones del Vinalopó, y así, tras la venta de Aspe a la familia Cárdenas, señores de Elche, procedió a la venta de la baronía de Elda ( Elda, Petrer y Salinas) a D. Juan de Coloma, secretario personal del rey Juan II de Aragón y su hijo Fernando II, mediante un precontrato de enajenación firmado en Alcalá de Henares en 1.497, y que se hizo efectivo el 4 de Septiembre de 1.513 en la ciudad de Valencia.

 A partir de este año, la familia Coloma, de origen aragonés, convertirá el castillo en su casa solariega, circunstancia mantenida a lo largo del siglo XVI y parte del XVII, que dio lugar a la transformación definitiva de la fortaleza militar medieval en una residencia palaciega, digno palacio condal de una de las familias más nobles e importantes del Reino de Valencia, cuyos miembros llegaron a ser virreyes de Cerdeña, generales de los ejércitos en Flandes, embajadores, gobernadores y alcaides del castillo de Alicante por varias generaciones. El poder señorial de la estirpe Coloma encontrará su principal punto de apoyo con la institución del condado de Elda, efectuado por el rey Felipe II en 1.577 en la figura de D. Juan Pérez Calvillo de Coloma y Cárdena, al acabar su virreinato en Cerdeña.

 Por ello, en el siglo XVI se convierte en residencia del recién creado Condado de Elda, quedando como propiedad señorial el castillo y villa.  Los nuevos Condes de Elda lo transforman en un lujoso palacio renacentista y reforman asimismo el antemural para asegurar mejor su defensa. Este carácter de residencia condal, y lugar desde donde se administraba la jurisdicción señorial, permitió que el castillo perviviera en pleno rendimiento durante los siglos XVI al XVIII, hecho nada frecuente en el resto de fortificaciones de la cuenca del río Vinalopó, cuya vida y función no fueron más allá del siglo XVI.

 A principios del siglo XVII la población se vio drásticamente reducida como consecuencia de la expulsión morisca, decretada por el rey Felipe III en el año 1.609, en la cual casi 2.000 moriscos eldenses tuvieron que abandonar la villa, tardando mucho tiempo en volver a recuperarse. A partir de este momento se produjo un marcado absentismo señorial de los condes de Elda, que no será paliado hasta el siglo XVIII por visitas esporádicas y su alojamiento en palacio, o también por la utilización de sus diversas dependencias como la cisterna, los almacenes de harina y aceite, torres, campanario, etc. por los ayuntamientos con ocasión de guerras, epidemias , plagas u otros acontecimientos.

 Durante la Guerra de Sucesión, los habitantes de Elda apoyaron mayoritariamente la causa de Felipe V, mientras que el Conde Coloma tomó partido por el archiduque Carlos.


Escudo de la ciudad de Elda

Descripción:

 En la partida rural de La Jaud, en la margen izquierda del río Vinalopó, se halla el poblado sobre lo alto de la ladera de un cerro alargado orientado de NE a SO, en las estribaciones occidentales del Monte Bateig.

 La gran pendiente de la ladera NO, unido a que el cerro está rematado por un escarpe rocoso de unos pocos metros de altura y a la proximidad del río, hacen que el acceso por la mencionada ladera sea impracticable. Por el contrario, la ladera SE, donde se ubica el poblado, es de pendiente suave y fácil subida.

 Al lado derecho de la vía férrea viniendo desde Alicante, el poblado de la Edad del Bronce ocuparía una amplia zona, a juzgar por la dispersión de materiales y restos de estructuras constructivas.

 En la cima de la vertiente SE existen tres crestas escalonadas en las que se observa la existencia de materiales arqueológicos. Pero es en la parte alta de la ladera SE donde la presencia de registro arqueológico (cerámica, sílex, restos de fauna, molinos barquiformes y pellas de barro blanquecino endurecido con improntas de ramas y esparto), nos indica la ubicación concreta del poblado.

 Éste se dispondría en sucesivos aterrazamientos, evidenciados en los vestigios de muros, tanto en paralelo a las curvas de nivel como transversales y en ángulo recto.

 Un gran amurallamiento previo al aterrazamiento indica que pudo tratarse de un poblado amurallado, aunque algunos de los lienzos dan la impresión de que son muy posteriores. Aún así, esta ladera SE era la más practicable, por lo que es muy posible que la fortificación del poblado sea un hecho.

 Sus dimensiones no superan los 500 m2. y su subsuelo queda integrado en el Área de Vigilancia Arqueológica de La Jaud (Elda).

TEXTOS:

Segura Herrero, G.- Jover Maestre, F. J.(1997): “El poblamiento prehistórico en el Valle de Elda (Alicante)”, Colección L’Algoleja, C. E. L., Petrer.



Galería fotográfica:
























No hay comentarios:

Publicar un comentario