Información General

Este Blog va dedicado a todos los amantes de la Arqueología y Castellología alicantinas, y en especial a todos los alicantinos, para que aprecien y disfruten de nuestro Patrimonio Histórico y Cultural, que es mucho.

En él no sólo podrán ver los castillos, fortalezas y torres propiamente dichos, sino que nuestro catálogo de Castillos de Alicante incluye todas las fortificaciones de carácter militar y/o defensivo, a través de la Historia de Alicante, desde la Prehistoria hasta nuestros días.

Si es de vuestro agrado, nos sentimos contentos y nuestro trabajo no habrá sido en vano.

Gracias por vuestra visita...

Ximo G. Rico. Presidente Asociación "Amigos del Castillo de Elda"

Elda, Septiembre de 2.013

jueves, 23 de enero de 2014

Muralla Urbana de Alicante (Alicante) CA-237



Localización:

 La Muralla Urbana de Alicante , está situada en la capital provincial y pertenece a la comarca homónima de L´Alacantí (nombre valenciano), situada  a orillas del Mar Mediterráneo.


Localización en Google Maps

Vista de las Murallas de Alicante en Google

 La muralla antigua de Alicante se ubica en la parte baja del Castillo de Santa Bárbara, partiendo de él y rodeando el casco antiguo medieval de la ciudad. Para visitar la muralla no es necesario subir al castillo, ya que en los accesos a él ya nos encontramos con dicha fortificación. Preguntar por el Paseíto Ramiro que se encuentra en las inmediaciones y desde aquí comenzar la visita.



Localización en el mapa topográfico

  Historia:


 Los orígenes de Alicante se centran en el asentamiento de L´Illeta de Campello, primer vestigio de poblamiento íbero en la comarca de Alicante, según se desprende de las actuaciones arqueológicas efectuadas.

 Con la dominación romana, los pobladores “romanizados” se trasladan a lo que en la actualidad es el barrio alicantino de Benalúa, donde se han encontrado restos de los primeros asentamientos acaecidos en la capital alicantina. Posteriormente, tras la dominación árabe, los conquistadores construyeron la “Medina Al Laquant”, seguro origen del nombre de Alicante.

 Sus orígenes, por tanto, son árabes, ya que la medina islámica se formó alrededor del Benacantil, y la fortaleza musulmana se construyó en la cumbre del mismo. Posteriormente, distintas fases de construcción delatan sus ampliaciones dada su creciente importancia como plaza fuerte del Islam.

 Inicialmente el poblado árabe, en las laderas de la montaña, se fue dotando de distintas fortificaciones, hasta que el castillo y la medina se ampliaron por toda la montaña. Posteriormente, las fuerzas cristianas, una vez reconquistado, siguieron su ampliación, incorporando a sus cimientos nuevas murallas, torres y recintos fortificados.

 Durante la reconquista, la ciudad y su fortaleza fueron rendidos por las tropas almohades al infante castellano Alfonso, primogénito del rey Fernando III. En los años posteriores, y en los confusos pactos y hechos de armas que relacionaron musulmanes, castellanos y aragoneses, la plaza se sublevó y de nuevo tuvo que tomarla por las armas en aún infante Alfonso. Tal conquista se consolidó el 4 de noviembre de 1.248, festividad de Santa Bárbara, de la que tomó su nombre en conmemoración del tal efeméride, cuando el castillo al fin pasó a manos cristianas, aunque no estaría definitivamente en poder castellano pues en el el año 1.261, siendo ya rey Alfonso X el Sabio, la rebelión musulmana tomó de nuevo la fortaleza, extendiéndose la sublevación a otros territorios limítrofes.

 Debería ser Jaime I quien, en esta ocasión, recuperase para los reinos cristianos la plaza, sofocando así la rebelión musulmana, y en los Pactos de 1.304, acordados entre el rey Dionisio de Portugal, el infante Juan de Castilla y el obispo de Zaragoza, los territorios de L´Alacantí se incorporaron al Reino de Valencia.

 Durante la contienda militar mantenida entre Pedro de Aragón y Valencia, y Pedro de Castilla (denominada Guerra de los Dos Pedros), el castillo de Santa Bárbara estuvo en manos castellanas y aragonesas de forma alternativa. Finalmente, al abandonarlo las fuerzas castellanas en 1.366, el castillo se encontraba en estado ruinoso.

 A principios del siglo XV, el rey Martín el Humano acometió nuevas obras de recuperación del Castillo de Santa Bárbara. En los inicios del siglo XVI, la irrupción de la artillería, sus usos y estrategias, eran un hecho consumado, y en castillo se adaptaron las nuevas innovaciones de forma temprana.

 Durante el reinado de Carlos I se reiniciaron nuevas obras de fortificación del castilloo, y existe la constancia documental del envío, a mediados del siglo XVI, de doce cañones con destino al mismo. En esta misma época, y dada la gran envergadura de la fortaleza, se le incorporaron nuevas edificaciones que aseguraban la posibilidad de mantener una fuerza armada de unos diez mil hombres.

 En el siglo XVI serían muchas las escaramuzas y batallas que se librarían desde Santa Bárbara contra las incursiones piratas. Éstas provenían de los corsarios berberiscos y conducirían a que el rey Felipe II ordenase nuevas y más potentes fortificaciones en el castillo. Los ingenieros franceses e italianos desarrollaron nuevas técnicas de defensa y fortificación adaptadas al uso artillero, y por ello el rey encargó a los ingenieros italianos Fratín y Antonelli el proyecto de reconstrucción y adaptación del castillo, edificándose nuevos fortines, fosos, murallas, torreones, etc., destinados a utilizar y resistir más eficazmente la guerra apoyada en la artillería.

 A mediados del siglo XVII se acometieron otras reformas y se le volvió a incorporar más capacidad de fuego artillero. En 1.691, el castillo sufrió una de sus mayores pruebas de fuego, cuando una escuadra del rey francés Luis XIV puso sitio a la ciudad. Ante la negativa de rendición, se inició el asalto y consecuente duelo artillero entre las fuerzas navales atacantes y las fuerzas resistentes de la fortaleza. El sitio duró una semana y el castillo sufrió serios daños, finalizando el asedio con el abandono de la fuerza francesa ante la llegada de las fuerzas navales españolas que acudían en apoyo a la ciudad.

 Durante la Guerra de Sucesión, la fortaleza estuvo continuamente asesiada, relatándose tres importantes acciones de armas en pocos años: la primera, en Agosto de 1.705 en la que las tropas de Felipe V rechazaron el asalto de las fuerzas del archiduque Carlos. La segunda, el 9 de Enero de 1.706, en que las tropas del archiduque volvieron a intentar la rendición de la fortaleza sin éxito. Finalmente, el 8 de Julio de ese año, las fuerzas del archiduque iniciaron un largo asedio por tierra y por mar que concluyó con la toma de la fortaleza el 6 de Septiembre. Fue ésta una de las épocas de más protagonismo del Castillo de Santa Bárbara.

 A pesar del fracaso en la Batalla de Almansa, la fortaleza quedó en poder de los aliados hasta bien entrado el año 1.708. A principios de diciembre de este año, las tropas de Felipe V sitiaron la ciudad de Alicante, consiguiendo su rendición en la mañana del día 7 de ese mes. Sucumbió la ciudad, pero no su castillo, que, bien defendido y con numerosa tropa, resistió el asalto.

 El carácter probado de la inexpugnabilidad  de Santa Bárbara obligó a las tropas borbónicas a plantearse otras alternativas, decidiéndose por la voladura de la fortaleza. Aquí se inicia una de las más épicas gestas militares libradas en este castillo. El general francés D´Ansfeld ordenó la preparación de una mina  a una profundidad de veinte metros y casi cien mil libras de pólvora. Con esta evidente amenaza se conminó a los defensores su inmediata rendición y, ante la negativa de éstos, se decidió la voladura en los últimos días de febrero o los primeros de marzo de 1.709.

 La explosión destruyó una gran parte de la fortaleza, y las grandes rocas desprendidas y lanzadas por los aires, ocasionaron importantes daños en la fortaleza y la ciudad, siendo muy numerosas las bajas humanas entre la oficialidad y la tropa resistentes. No obstante, los defensores, en número superior al medio millar, no se rindieron hasta mediados de abril, momento en que las circunstancias eran sumamente precarias. Tras la rendición, las fuerzas aliadas abandonaron la fortaleza con honores y desfilando ante la formación de las tropas borbónicas asaltantes.

 Durante la Guerra de la Independencia, la fortaleza hizo frente, con su poder artillero, a algunos asaltos de las tropas francesas. En esta época, un hecho fortuito prendió fuego a las reservas de pólvora del castillo, provocando una enorme explosión que destruyó parcialmente sus instalaciones. A partir de ello, su importancia declinó rápidamente, siendo desartillado definitivamente en 1.893. Después sirvió como prisión militar en tiempos de Jovellanos y el general Elío, entre otros.




Escudo de la ciudad de Alicante


Estado actual:


Plano de la Muralla Urbana de Alicante

 Enclave de tradición marinera, abierta siempre al Mar Mediterráneo a través de su puerto natural que será su puerta de comunicación y vía de entrada y salida de conocimientos, productos, mercancías e ideas, la ciudad de Alicante crecerá a los pies del Benacantil sirviendo de clave estratégica para la conexión del interior con la costa y, llegado el momento, para servir de puente comercial. Esta ciudad, que contaba con zoco, mezquita mayor y baños, como relata al-Idrïsï en su descripción de la ciudad en 1.154 en el Uns al-muhay warawd al-furay - "Solaz de corazones y prados de contemplación" - también contaba con un recinto amuralladoal que se accedía por la Puerta Ferrisa, el acceso principal al interior de la villa vieja de Alicante, elevada unos 10 metros sobre el nivel del mar, de la que quedan algunos restos, gracias a su reciente integración en el edificio de las oficinas de la Hacienda Municipal (Beviá García, 2012).

 A diferencia de otros accesos al castillo de Alicante que contaban con puerta en recodo como la Puerta de la Batalla, situada en el extremo del Albacar Vell, la Puerta Ferrisa muestra un ingreso directo flanqueado por dos torres (Rosser, Borrego, Fuentes 2012). Partiendo del acceso principal, la arqueología ha definido en estos últimos 15 años el trazado del recinto islámico, que discurría por el este por la actual Plaza de Santa María, donde se encontró un fragmento de un muro con encofrado de tapial de mortero de cal con una anchura de 1,40 metros, hasta conectar con el llamado Portal Nou – una puerta que debió abrirse en las reformas del 1.386 después de la guerra con Castilla – por el que se ascendía hasta conectar con las murallas del castillo.

 Desde Ferrisa, la muralla discurre hacia el oeste hasta alcanzar el Torreón de la Pólvora, en la actual Plaza del Puente, y que ascendía hacia el cerro de la Ereta, hasta alcanzar la Torre del Mig Almut y desde ahí, conectar con la muralla habilitando el paso por el llamado Portal del Cencerro, que permitía cruzar hacia el oeste buscando las rampas de acceso a la puerta que se encontraría bajo la Torre de Sant Jordi (Rosser, Borrego, Fuentes 2012).

 Con la conquista cristiana a manos de las tropas castellanas en 1.252 y, sobre todo con su definitiva inclusión en la Corona de Aragón merced a la Sentencia de Torrellas-Elche de 1.305, la Villa Vella se empliará con un nuevo espacio urbano, la Villa Nova, que tambiéndeberá de contar con un recinto amurallado que se sumería al ya existente de época islámica. La Villa Nova se configuró al modo de las ciudades medievales levantinas de nueva fundación, con una trama ortogonal en la que destacan dos ejes principales: uno por la actual calle Labradores en la que se ubicó la Iglesia de San Nicolás, y otro por la Calle Mayor, trazada desde el Portal de Elche para conectar posteriormente con la Villa Vella a través de la Puerta Ferrisa (Limiñana Rosser, 1990).

 Son pocas las noticias existentes de obras en las murallas de la ciudad en el escaso tiempo de dominio castellano por Alfonso X el Sabio después de su conquista en el año 1.252. En una carta dirigida a Alicante en octubre de ese mismo año, se habla de " los muros et los adarves de la Villa, de las rebdas del ray se fagan et se adoben". En 1.260 hay una referencia en una carta enviada a tres vecinos de Alicante donde se les da una cantidad económica " en ayuda para cerrar vietra vila dos mil maravedíes chicos", así como otra pequeña mención en 1.261. Con la llegada de los aragoneses, se toman algunas decisiones referentes al estado y mejora de las murallas con la construcción en 1.308 de la muralla de la Villa Nova dotada de foso, así como las reformas en el trazado islámico transformando el área de la mezquita en una iglesia cristiana dotada de un campanario que se encontraba integrado en la propia muralla de la ciudad, al estilo de otras villas de conquista como en Villajoyosa (Menéndez Fueyo, 2011) o en la Pobla Medieval de Ifach. La guerra con Castilla de mitad del siglo XIV conllevará la construcción de la Torre del Esperó en el año 1.376 que estaba situado junto al Portal Nou, reafirmando la existencia de ese doble recinto amurallado que perdurará hasta bien entrada la época moderna (Rosser, 1990).

 Los inicios del siglo XVIII traerán el conflicto de la Guerra de Sucesión, donde Alicante se posiciona inicialmente como defensora del partidario borbónico. Las defensas son mejoradas, con la construcción en el extremo del muelle del puerto, del Baluarte de San Felipe y se decidió finalmente construir la muralla del arrabal de San Francisco, así como mejorar el acceso norte a la ciudad (Bernabé Ruiz, 1992). El asedio combinado por mar y tierra por parte de las tropas austracistas permitió la rendición de la ciudad, que no de su castillo. Sin embargo, la victoria borbónica en la decisiva Batalla de Almansa, abrió la puerta a la recuperación de la ciudad en el año 1.708, cuando el Barón d´Asfeld y el mariscal Ronquillo sitiaron la ciudad, momento en el que se produce el episodio de la voladura de la mina bajo la roca del Benacantil que, unido a la llegada de la flota de socorro inglesa, acabó por generar un armisticio y con la salida de los supervivientes austracistas del asedio (Bernabé Gil, 1992).

 Con el establecimiento de la dinastía borbónica, comienza la construcción del tercer y último recinto con el que llegó a contar la ciudad de Alicante, que partía desde la Puerta de la Huerta, discurriendo a la altura del Marcado Central, donde se encontraron hace unos años algunos de sus restos (Beviá Llorca, 1995), para girar por la actual calle Castaños, torcer por la calle Gerona hasta la Plaza de Calvo Sotelo y llegar al parque de Canalejas para enlazar con el ya construido Baluarte de San Carlos, que se situaba en el actual solar del edificio de la Universidad de Alicante( ¿?) (Bernabé Gil, 1992).

 Hasta inicios del siglo XIX, con la Guerra de la Independencia contra la invasión napoleónica, no se documentarán mejoras reseñables. Con la resolución del conflicto, la ciudad se desarrolla en las décadas siguientes con enorme velocidad, propiciada fundamentalmente por la construcción del ferrocarril, que convierte a la ciudad en la primera comunicada con el interior por este nuevo método de transporte (Sanchez Recio, 1992). Las viejas murallas de la ciudad asistieron al crecimiento demográfico y económico de estos años, con una expansión urbana que generó la creación de nuevos barrios, lo que marcó el final del uso de sus murallas urbanas y la necesidad de proceder a su derribo, lo que se llevó a cabo entre los años 1.830 a 1.875, comenzando con la actual zona de La Rambla, y aprovechando sus escombros para colmatar el barranco cercano y generar lo que terminó siendo el Paseo del Vall, y finalmente, el Paseo de la Reina; continuando con la construcción de los ensanches y el establecimiento del Paseo de los Mártires, que iba desde el Baluarte de San Carlos hasta la Plaza del Mar, en lo que acabaría siendo la Explanada de Alicante (Sanchez Recio, 1992).

 La Muralla Urbana de Alicante se encuentra en un estado de conservación realmente bueno, toda vez que se incluye en el recinto del propio Castillo de Santa Bárbara, bastión principal de la ciudad.

 En la actualidad se están efectuando muchas excavaciones en la parte antigua cercana a la muralla actual, y se están descubriendo muchos lienzos pertenecientes a la época almohade, origen de las murallas actuales. Entre ellas se encuentran: El Tramo de la Muralla del Paseíto Ramiro (Ver Ref: CA-256 Muralla del Paseíto Ramiro en este Blog); los restos de puerta y murallas anexas de la Puerta Ferrisa ( Ver Ref: CA-415 Muralla de Puerta Ferrisa en este Blog) y los restos del Torreón de la Pólvora (Ver Ref.: CA-417  Torre de la Pólvora en este Blog).



Muralla del Paseíto Ramiro

Muralla de la Puerta Ferrisa

Torre de la Pólvora

 La parte más conservada de la muralla es la que corresponde a las obras efectuadas por encargo de Felipe II a los ingenieros militares italianos Fratín y Antonelli, con el fin de soportar mejor los ataques de la nueva arma artillera del siglo XVI.

 Galería fotográfica:



















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